Asuntos Prácticos: Brotando Semillas de Consciencia.



Ahora que nos llegó la primavera es el momento de germinar. Lo que estaba dormido, latente, ahora despierta, brota. Es un momento de mucha fuerza. La vida empujando con fuerza, vibrante y paridora. Pienso que también brotan en estos tiempos semillas de consciencia. Algo que se leyó y que resonó como gran verdad en el corazón, si se dan las condiciones, y se pone algo de voluntad, un día, eso que se leyó, germina, se hace verdad más allá de la pura comprensión intelectual, algo se plasma en la vida, puede que se traduzca en un gesto de bondad, o quizá en una empresa social, depende de la semilla dará unos frutos u otros... Algunas semillas duermen su sueño durante largos, fríos y oscuros inviernos, y un día, si se dan las condiciones...



Creo que de las semillas de consciencia más esparcidas, de las más sencillas, abundantes y humildes, son las que llevan la atención al cuerpo y a la respiración. Estas semillas brotan casi al instante, sus frutos son generosos, quizá no espectaculares, pero certeros y nutricios, y preparan el terreno, como algunas plantas, para otro tipo de semillas, otros cultivos como los mantras semillas (bija mantra, en sánscrito). HUM, RAM, LAM, OM. Son tan sólo sílabas, sonidos sencillos que cualquier bebé de unos cuantos meses de edad puede emitir sin demasiada dificultad, y sin embargo, si se dan las condiciones... El maestro Jesús nos habló en una parábola de las semillas de consciencia y de cómo las condiciones eran fundamentales para hacerlas prosperar. Decía que si uno echa un puñado de semillas en un terreno seco y pedregoso es difícil que cumplan su sino, pero que si se les aporta las condiciones adecuadas de sustrato, calor, aire y humedad, serán felices entregándose al mundo. Lo mismo ocurre con el Om, o el resto de los mantras semilla. Requieren un determinado clima pisco-físico, una energía(prana) nutritiva, un silencio interno donde poder arraigar, una mente estable y un corazón tierno. Y brotan. Ya lo creo que brotan.



Una vez le oí decir a Jodorowsky que cantar cualquier mantra es lo mismo que repetir sin parar la palabra Coca-Cola, que no había diferencia entre esta marca de refresco y un mantra, sólo cumple el efecto, decía, de acallar el diálogo interno durante un rato. Dios le sepa perdonar, a un hombre tan sabio y que tanto nos ha aportado en el campo de la psicología humana, semejante blasfemia sobre la cultura y el cultivo de estas preciosas semillas mantras. Querer que la palabra Coca-Cola germine en nuestra consciencia, es como querer enterrar la uña de un pie, regarla un tiempo y que nos dé nísperos. Todo en este universo es vibración, especialmente los sonidos que lo pueblan, y por supuesto no ha de tener la misma vibración Om, que Coca-Cola. Sencillamente, sólo brotan las semillas, y además han de ser de buena cepa y a ser posibles ecológicas, o al menos con conocimiento de su origen.



Hace poco recibimos uno de estos mantras de Geshe Tenzin Wangyal Rinpoche, en su cursogratuito online, sobre la recuperación del alma, en un seminario consagrado al conocimiento de los cinco elementos de la naturaleza y al restablecimiento de su equilibrio en nuestras vidas. Son sonidos antiguos, ancestrales, pero tremendamente sencillos y poderosos, por supuesto, si cuentan con las consabidas condiciones. Estos días de lluvia me recreo en los sonidos que invocan el agua y la tierra. Ese olor a tierra húmeda que se propaga gracias a la acción del elemento aire y que viaja en el éter, se hace especialmente penetrante cuando, ocasionalmente, el sol se asoma entre las nubes, aportando un poco de calor. Desde luego, cualquier intento de recuperar el equilibrio, es más propicio en contacto directo con estos elementos en su estado natural. Al amanecer en al playa, o en lo alto de la loma, con los perros ladrando a lo lejos, el canto de la calandria, y el aroma del espliego derramándose en la brisa cálida de la tarde. Sin duda éstas son condiciones ideales, para aquietarse, tomar refugio en la quietud del cuerpo, en el silencio, en la espaciosidad de la mente y lanzar estos sonidos a los cuatro vientos, desde un corazón abierto, sincero, manso.



Y cuando las circunstancias no son tan idílicas, el propio cuerpo y todo lo que le cabe dentro de emociones, sentimientos y vivencias interiores, también pueden convertirse, y de hecho no hay otra forma, en el campo de nuestra práctica, el ecosistema de nuestra liberación. El elemento aire se percibe en las fosas nasales y a través del movimiento que genera la respiración en el cuerpo, el fuego se siente en la propia temperatura corporal, e incluso se pueden distinguir unas zonas más frías y otras más calientes, el agua se siente primero en la boca pero también en cada célula de nuestro cuerpo donde abunda este elemento, la misma sangre que es líquida, también tiene algo de fuego en nosotros, y no sólo el color, por algo somos animales de sangre caliente; las sensaciones de peso, de masa y contacto con el suelo nos las transmite la tierra que nos acoge y nos reclama con su fuerza de atracción. Estemos donde estemos, podemos crear las condiciones para el despertar de la consciencia. Y aquí me hago eco del encabezado que acabo de leer en el blog de Yoga Sala:

ÁMATE A TI MISM@. DIOS QUIERE QUE SEAS FELIZ. EN TU INTERIOR ESTÁ TODA LA SABIDURÍA PARA LOGRARLO. EL YOGA ES UN BUEN INSTRUMENTO PARA TI. TU VIDA Y LA DE TODO SER HUMANO ES ALGO PRECIOSO Y MARAVILLOSO.


Om Shanti

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