Asuntos prácticos: Disolviendo el dolor.




Que levante la mano el/la que no duela nada en este preciso instante. Pausa. Bien, pues así está la cosa. Sin veros mientras leéis este artículo, convencido me hallo de que no son muchas las manos que se alzan orgullosas libres de dolencia alguna. 




Hace poco le di un masaje a un amigo, profesor y practicante de yoga desde hace ya largo tiempo, y antes de comenzar con la faena le pregunto si tiene alguna molestia, tensión, dolor o dolorcillo que declarar. No, nada, puro interés en relajarme, un poco más, que de lo bueno nunca hay suficiente. Bueno, túmbese usted ahí, panza arriba, encomiéndese usted al patrón de la relajación, si lo hubiese, visualice el om, o lo que tenga por costumbre hacer, y afloje, aprovechando cada exhalación, suelte lo que no quiera llevarse de vuelta para casa. Y empieza uno a hacer su trabajo, a mover aquí, a presionar allá, a amasar un trapecio, a decoaptar un omóplato. Y van saliendo cosillas, pequeñas tensiones, que parecían estar dormidas, esperando la mano del masajista, o la atención puesta, para salir a flote y manifestarse, acompañadas de comentarios tipo Uy, qué es eso, o, Uy, no sabía que me dolía ahí. Sí, justo ahí, donde se posó la mano y donde el dedo administró la presión justa. El cuerpo es el subconsciente visible, palpable. Toda la memoria, no sólo la memoria genética, sino también todos los registros kármicos, junto con los akásicos, están ahí, esperando ser liberados, traídos a la luz de la consciencia. No hay paciencia más sólida que la de estas memorias durmientes. Eones llevan esperando su liberación. Tranquilamente.


Y entonces, pregunta el amigo, Si nosotros que estamos todo el santo día practicando yoga tenemos estas dolencias, cuando no es la zona lumbar es la dorsal, si no es el oído es el pie, ¿cómo estará la masa frenética de Pepas y Pepes enfrascados en la vorágine, sin echarle cuenta al cuerpo ni meditar más que en puras cavilaciones? 
Pues a base de ibuprofeno, alcohol, glotonería y lujuria, querido amigo, ¿cómo si no?
Y dice uno, Bueno, a la glotonería y a la lujuria también me entrego yo.
Y dice el otro, Pues anda que yo.
Ay, Dios, libéranos de la demencia que nos acecha y del sufrimiento de esta carne mortal.




A veces, y podría decirse que frecuentemente, la vida duele. Y por lo general, nos apegamos a las cosas que dan gustito, pero no queremos saber nada del dolor, siendo tan familiar y cotidiano como es. El ser humano ha sido muy ingenioso generando sustancias y modos de distraerse del dolor, desde los opiáceos o la mentira piadosa al fútbol en su forma actual, y sin embargo por más que intentamos desconectarnos temporalmente de nuestras aflicciones y dolencias, sólo lo hacemos por un breve período de tiempo, y cada vez de forma más parcial e insatisfactoria. Desde el punto de vista holístico huir del dolor no es muy terapéutico. Desde el nuevo paradigma de la conciencia humana el dolor no sobra, viene a hablarnos, a guiarnos, a darnos luz. No se trata de entregarse al machaque masoquista, sino de atender y escuchar lo que este dolor tiene que decir, y no digo que haya que buscarle un significado racional, lógico o revelador a cada dolorcillo que aparece. A veces, es tan sencillo como detenerse y sentirlo, darle cabida a la amplia gama de sensaciones, emociones y sentimientos que nos visitan, tomarse el tiempo y parar, dejar de buscar soluciones a los problemas y simplemente sentir es suficiente. Otras veces no es suficiente, el dolor que sentimos parece haber venido a quedarse, y el trabajo entonces no es sólo escuchar, sino también disolverlo. Disolución no es desconexión, no es adormecerlo con sustancias extrañas, ni mirar para otro lado. Disolver el dolor es reintegrarlo en el medio en el que aparece, que no es otro que el campo de la conciencia. ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo disolver tanto dolor, tanto sufrimiento?
Por suerte, todos contamos con buen número de disolventes universales para todos clase de dolores, todos ellos accesibles y disponibles en todo momento y de forma gratuita y sostenible.
El dolor físico puede disolverse a través del movimiento, como es el caso del yoga y otras disciplinas psicofísicas destinadas la liberación del sufrimiento a través de la liberación del cuerpo, y también por medio del contacto físico, posar la mano sobre la zona afectada es muchas veces suficiente, otras requiere masajear, friccionar, presionar, hasta que el dolor se va disolviendo.
El dolor emocional puede disolverse de forma sencilla por medio de la respiración consciente. Por increible que parezca, llevar la atención al proceso respiratorio es un disolvente universal para cualquier tensión mental o emocional. Lo único que se requiere es tiempo, paciencia y determinación para permanecer, sentirnos y disolver. Muchas de las respuestas y soluciones a nuestros problemas y aflicciones nacen del estado de apertura y relajación que proporciona la práctica de la meditación.
Existen otros disolventes, como el agua, la luz, el canto o la oración. El agua puede disolver una piedra. Como ya ha sido probado, el agua tiene conciencia, y esta misma conciencia tiene un gran poder de limpieza y purificación en planos más sutiles que el puramente físico. La luz, ya sea visualizada o la propia luz de los rayos del sol tiene el poder de sanarnos, y desde tiempo inmemorial ha sido utilizada con este fin en todos los rincones de la Tierra, desde el Tibet hasta Egipto, llegando hasta nuestros días y sin secreto alguno es accesible para todo el mundo. El canto de mantras tan sencillos como la sílaba Om pueden ser de grana ayuda para ampliar la conciencia y disolver tensiones.





Tanto en nuestras clases de yoga como en nuestras sesiones de masajes, nuestra práctica habitual es disolver el dolor. Primero detenernos, sentirlo, reconocerlo y luego respirar de forma consciente, movernos, masajear, cantar, visualizar la luz clara de la consciencia. Inevitablemente una práctica regular de yoga, meditación, canto y masaje nos hace sentirnos cada vez más espaciosas y paz, más creativas y abiertas a la bondad intrínseca del universo.

Desde aquí os animamos a probar de forma gratuita una de nuestras clases en los siguientes horarios.



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